Pajaro Silvestre
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Abe_peinado
Abe_peinado
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Para leer un poquico Empty Para leer un poquico

Jue Mar 25, 2010 7:49 pm
La primavera había llegado y en el jardín tranquilo de una gran mansión
centroeuropea, sobre una de las ramas de un tupido arbusto, una pareja de
jilgueros edificaron su mullido nido como fruto de su mutuo amor y con el
sentido de continuidad de la especie.
La ovulación, incubación y desarrollo de los polluelos llegó a su fin y con
ello el día de abandonar la morada estática a la que tantos viajes hicieron
sus padres. Llegó la hora de dar su primer salto, su primer vuelo, de poner
en práctica sus alas para el desplazamiento de un lugar a otro, de ganarse la
vida y buscar el alimento individualmente e integrarse a la comunidad
“jilgueril”. A la bandada que, alegre, bulliciosa y multicolor va de un lado
para otro dentro de la misma zona. Hasta que transcurridos cuatro o cinco
meses los fríos del otoño les recuerda que deben emigrar en busca de países
más cálidos y donde el alimento les sea más fácil de adquirir.
Nuestros nuevos jilgueros guiados por los veteranos abandonan su país
de nacimiento y comienzan su aventurera y larga emigración. Las jornadas
son duras, los más débiles deben abandonar el grupo y quedarse donde las
fuerzas les flaquean.
Muchos kilómetros tienen que volar y es necesario reponer fuerzas cada
cierto tiempo.
Aquí, en esta necesidad imperativa para subsistir es donde radica su
perdición, es la causa determinante para que muchos de ellos no lleguen a
su destino, de que sean privados de su libertad, y de que, de la noche a la
mañana se vean enjaulados, solos entre rejas. Ya que el hombre, conocedor
de las zonas de paso, les espera con sus reclamos y redes atrapándolos.
Vendidos o donados irán a parar a una jaula más o menos amplia, más o
menos bonita, donde no les faltará el alimento exquisito ni el cariño de sus
dueños, pero que será la celda donde cumplirán su cadena perpetua hasta
que se acaben sus trinos.
Así llegó a mi jaula el jilguero europeo, así vive mi jilguero sin penurias
alimenticias, pero solo y entre rejas, por el mero hecho de que un día de paso
por tierras castellanas tuvo la necesidad de descansar y alimentarse. Y sin
abogado defensor, sin leyes que velen por la justicia “jilgueril”, sin juicio, sin
hacer daño a nadie fue condenado a cadena perpetua.
Y mi pájaro pensará:
¿De qué se quejan los hombres que por hacer mal están privados de
libertad?

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